Lo bonito de la cuarentena: Compartir / Reporte académico sobre nuestra obra Triunfo

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Lo bonito de la cuarentena: Compartir / Reporte académico sobre nuestra obra Triunfo

 

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Esta cuarentena nos tiene inmersos en la desesperanza, el estrés, el aislamiento, la falta de trabajo y dinero, la soledad; y otro tanto de situaciones adversas. Sin embargo, también puede traer detalles llenos de luz y alegría.

Hace unos meses, un par de colegas docentes del Instituto Tecnológico de Costa Rica, me preguntaron si había posibilidad que sus estudiantes vieran videos de las obras de Raíz para ser analizados en sus cursos de Artes Dramáticas. ¡Alegremente accedí! No solo por el hecho de que vieran nuestro trabajo, sino sobretodo, para compartir y colaborar entre colegas. Fraternidad.

Me sentí halagada por la petición pero más, me sentí orgullosa de contar con más de 15 puestas en escena para que muchos puedan disfrutar de “la experiencia Raíz Teatro”. Agradezco en esta ocasión a mi colega Andrea Gómez, docente del TEC, primero por su trabajo y luego por la confianza al pensar en Raíz y compartirnos la experiencia.

Y agradezco, a la estudiante Camila Morales Rodríguez por sus palabras. Gracias por el análisis, la crítica y la sensibilidad. Camila: me encantaría agradecerte en persona y conversar, si podés escribime al inbox de Raíz Teatro por Facebook o Instagram; o a raizteatro@gmail.com

M. Ed. Katherine LaPey Peytrequín Gómez

Directora general y artística Raíz Teatro

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Instituto Tecnológico de Costa Rica

Reporte sobre la obra en línea

Curso: Artes Dramáticas

Profesora: Andrea Gómez

Por: Camila Morales Rodríguez

Información General:

Nombre de la obra: Triunfo

Dirección:Katherine “LaPey” Peytrequín Gómez

Intérpretes:Perssis Sheik, Verónica Quesada.

Producción general: Raíz Teatro

1. Estructura narrativa

El tema de la obra se relaciona con el paralelismo entre las vidas de dos mujeres aparentemente contrarias, pero que en realidad atraviesan circunstancias similares vistas desde distintos enfoques. Ambas se enfrentan a preocupaciones, resignación, esperanza, maternidad, abandono, insatisfacción, peripecias. Sin embargo, solo una de ellas triunfa realmente ante las limitaciones, y decide finalmente reinventarse.

La trama es representada por dos mujeres, Alexandra y Triunfo, que mantienen una relación de patrona-empleada, con marcadas diferencias sociales. La primera, esposa codiciosa de un opulento caballero involucrado en la política, vive a costa del materialismo y la riqueza. Insatisfecha e infeliz, se refugia en la apariencia de quien vive a plenitud, holgada y sin preocupaciones. Sustenta su vida en un espejismo, para evadir su realidad dominada por la “crisis de la edad”, la envidia, la obsesión por “mantener la figura” y la maternidad poco ideal. Aparentemente todos esos conflictos se disipan, con la acción de antidepresivos.

La segunda, Triunfo, es una trabajadora doméstica nicaragüense y empleada por Alexandra. Su principal preocupación es reunir el dinero necesario para pagar la hipoteca de su casa en Nicaragua que su desconsiderado y adúltero marido, comprometió. Pero además, trabaja para mantener a sus hijos que, aunque ya mayores, no se ocupan en ganar dinero. Anhela recuperar su vida pasada en Nicaragua, pero se resigna a la realidad que le tocó vivir.

Ambas se desenvolvían en sus respectivos contextos, sin tener mayor relación directa entre sí. Alexandra se la pasaba fantaseando y alardeando sobre su vida y su supuesto viaje a Buenos Aires, donde aseguraba que sería feliz entre tantos antojos caprichosos. Sin embargo, no contempló que una inesperada noticia sacudiría sus planes: el embarazo de su hija. La histeria y desagrado se apoderaron de ella, ante la negativa de su hija respecto al matrimonio con el padre de la criatura. Pero además, la situación se aseveró cuando su marido decidió suprimir el viaje a Argentina, justificando su decisión con la incertidumbre en la política del país, y con la atención de quien sería su futuro nieto. Su motivación diaria se derrumbó y las quejas aumentaron exponencialmente; se sentía vieja, no podía hacerse una cirugía, no tendría paseo, su hija sería madre soltera…

Mientras tanto, Triunfo se la pasaba trabajando. Recibía llamadas de sus familiares únicamente para solicitarle préstamos de dinero, o tiempo para que se hiciera cargo de sus nietos, y observaba como espectadora las tragedias de su patrona. Se desahogaba con el perro de la familia Echeverría, y seguía con sus pesadas labores diarias. Hasta que un día, también recibió una inesperada noticia: había ganado un concurso en el que había participado. El premio era un viaje para dos personas, en crucero, hasta Alaska. Pese a que se alegró mucho, se dio cuenta de que la oferta no le sería tan conveniente ya que no tendría vacaciones para la fecha establecida, y además, su intención inicial era la de ganar otro premio que no era tan innecesario para ella como dicha travesía. Entonces decidió vender el tiquete. Estaba segura de que el dinero le sería de mayor utilidad, pues con él podría finalmente pagar la hipoteca.

Alexandra, se irritó al descubrir la fortuna de su “empleada” e incluso apeló que fue una ladrona por tomar los cupones de la basura. No toleró los celos, y descargó su envidia en comentarios denigrantes y burlescos entorno a Triunfo. No obstante, para su beneficio, se dio cuenta de que Triunfo vendería sus tiquetes y decide rogarle a su marido para que los compre, hasta que finalmente logra convencerlo.

Luego de que Triunfo confiesa con cierta nostalgia a su fiel amigo perruno, que compró un libro alusivo a Alaska, como “recuerdo del lugar que nunca conocerá”, la historia alcanza su punto más álgido, en el momento en que la venta se logra finiquitar. A partir de ahí, la trama comienza a descender rápidamente hasta llegar al desenlace final. Se sobreentiende que Alexandra realizó su viaje, y que Triunfo decide por primera vez satisfacer sus propios gustos. Decide tramitar la adquisición de una Visa, conseguir ropa caliente y comprar un boleto de avión a Vancouver, para rehacer su vida en ese lugar.

2. El trabajo de los actores y actrices.

Personalmente, la actriz que más me atrajo fue Perssis Sheik. Quizás lo que más me llamó la atención fue la naturalidad con que representaba a sus personajes. Se identificaba fielmente tanto con el personaje de Alexandra, como con el de Triunfo. Sus gestos y ademanes no se veían forzados y eran muy acertados para cada situación. El público disfrutaba de su jocosidad, y de su estilo tan espontáneo. No mostró ninguna equivocación, y se veía muy segura de su papel. Hizo un uso muy apropiado de la entonación y el énfasis con que se refería en ciertas situaciones, y cabe destacar su habilidad para imitar el acento nicaragüense sin dificultad.

La actriz logró representar claramente la dualidad entre ambas mujeres, transmitiendo los rasgos materialistas y mimados de Alexandra, que causaban desagrado, y la sencillez y modestia de Triunfo que por el contrario, provocaban cierta ternura hacia el personaje.

3. Plástica escénica (todos los recursos técnicos de la puesta en escena)

El espacio escénico se distribuyó en un solo nivel, con el público dispuesto siempre de manera frontal al escenario. La escenografía era mínima, pero la necesaria para desarrollar la trama: un par de sillas y un perchero donde mantenían pequeños elementos del vestuario y demás objetos menudos.

La puesta en escena carecía de efectos especiales y los elementos visuales se mantuvieron prácticamente planos, a excepción del desplazamiento de las sillas en las diversas escenas. La luminotecnia fue ausente, y los efectos sonoros fueron muy reducidos. Básicamente se limitaron a marcar la transición entre una escena y otra, con una breve melodía.

Comentario sobre el vestuario y los objetos utilizados:

Pese a que los elementos visuales no fueron prominentes, el uso de los mismos fue muy significativo. En cuanto al vestuario, cabe reconocer la eficacia con que lo integraron, pues básicamente lo constituía una serie de accesorios que de acuerdo al personaje que se estuviera representando, se ponían o se quitaban. De esa manera se agilizaba la preparación de ambas actrices para las sucesivas escenas.

Cuando una de las actrices hacía el papel de Alexandra, utilizaba un vestido que denotaba finura y elegancia, complementado con unos tacones negros y un tocado de tul, que aumentaban la prestancia. En cambio, cuando se asumía el rol de Triunfo, se utilizaba el tradicional traje de sirvienta, compuesto por un delantal y una banda para sujetar el cabello. Ambos vestuarios estaban ambientados en los años 50 y 60, sin embargo, la trama estaba basada en la actualidad. Dicha discrepancia resultaba confusa, aunque a mi parecer, se utilizó de esa manera para acentuar la diferencia de clases y la brecha social entre ambas mujeres, pues los accesorios antes mencionados, se asocian inmediatamente a los roles que cumplía cada una, aunque demuestran la ironía del rumbo que toma su destino: la sacrificada y pobre sirvienta, triunfante ante sus limitaciones, y la superficial y rica patrona que pese a que consigue viajar, no consigue superar su infelicidad.

Los objetos utilizados también fueron muy adecuados, pues fueron una herramienta para exponer las diversas temáticas tratadas. El uso de dispositivos electrónicos como la computadora y el celular, no solo ambientan la historia en la actualidad, sino que exponen las implicaciones de la comunicación electrónica. Por medio de la computadora, Alexandra muestra su vida “perfecta” a un personaje tácito, que parece ser su amiga. Es capaz de ocultar su realidad a través de una pantalla, y de mostrar únicamente lo que ella decide. Esta situación hace visible la insaciable necesidad de Alexandra de proyectar la vida caprichosa que siempre quiso.

Además, la comunicación electrónica deja ver la distancia virtual que separa a ambas madres con sus respectivos hijos, y que es preferida por los mismos, antes que el contacto directo. Se reemplazan las tardes de café, por las videollamadas pasajeras y lejanas (en el caso de Alexandra), y las conversaciones por teléfono se reducen a pedir favores y dinero (en el caso de Triunfo).

4. Contenido

Las intérpretes de la obra nos conducen a través del viaje de sus respectivas vidas que se contrastan en algunos aspectos, y coinciden en otros, al estar ambas sujetas a una misma realidad humana. Esa realidad que nos impulsa a querer superar cada uno de los eslabones que Maslow propone en su jerarquía de necesidades, para finalmente acceder al reconocimiento y la autorrealización. De una u otra manera, todos aspiramos a alcanzar ese fin último de plenitud con nosotros mismos y con nuestras vidas. Por esa razón es que Alexandra se obsesiona con su apariencia o sus riquezas, que de algún modo le proveen cierta seguridad y estabilidad personal respecto a sus necesidades de estima, que están de hecho, en el penúltimo escalón de la pirámide. Sin embargo, su ascenso por la pirámide es poco exitoso, puesto que no logra amarse genuinamente a sí misma. Esa es la causa de su lucha obstinada contra el envejecimiento o la gordura, que se convierten para ella en defectos que nublan aún más la armonía consigo misma. Las preocupaciones innecesarias y la insatisfacción, la condenan al consumo de pastillas antidepresivas y al estancamiento.

Triunfo, por su parte, también se encuentra en búsqueda de su realización, pero a diferencia de Alexandra, su evolución es evidente y su desenvolvimiento personal también. Pasa de ser una mujer resignada y abnegada, a ser una mujer arriesgada y dueña de sus decisiones desde el momento en que descubre el poder de la confianza en sí misma. Por eso, pese a que su riqueza material no es tan abundante, su riqueza interior es la que propicia su desarrollo.

Ambas situaciones dejan en evidencia la importancia del amor propio en la misión por satisfacer las necesidades que convergen en la realización humana. El vacío interno es una fuga de la felicidad, nos vuelve insaciables y amargos. No nos permite aprovechar oportunidades, ni agradecer los dones. Nos somete a alegrías efímeras y a ilusiones pasajeras. Nos aleja de nuestro proceso de crecimiento individual, y estanca nuestras vidas.

Cuando no somos capaces de llenar nuestro espíritu con la grandeza de nuestro propio ser, procuramos llenarlo con bienes materiales o con otro tipo de vicio que termina traicionándonos. Y tal como dice el papa Francisco, “Aquel que deposita su alegría en los bienes materiales, está condenado a nunca ser feliz”. En cambio, cuando tomamos la decisión de empoderarnos y visualizarnos como la mejor herramienta que poseemos, la verdadera riqueza comienza a brotar y nos garantizamos el camino hacia la autorrealización.



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